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Experiencias
Santiago del Teide
Oeste

Santiago del Teide

Los Gigantes y sus impresionantes acantilados, el pueblo de Masca y un oeste salvaje de mar y montaña.

Historia

Mucho antes de la conquista castellana, las tierras del actual municipio de Santiago del Teide estaban habitadas por los antiguos canarios, los guanches. El Valle de Santiago se integraba en el menceyato de Adeje, uno de los nueve reinos aborígenes en que se dividía Tenerife, en un sector limítrofe con el poderoso menceyato de Daute, que dominaba todo el macizo de Teno en el extremo noroeste de la isla. De aquel poblamiento pastoril perviven numerosos topónimos guanches que aún nombran el territorio: Arguayo, Bilma, Cherfe, Chinyero, Chimayachi, Sámara o Tamaimo. Eran tierras de pastores y de medianías altas, donde el agua y el monte marcaban el ritmo de la vida.

Tras la conquista de Tenerife, culminada en 1496, el adelantado Alonso Fernández de Lugo procedió al reparto de tierras. En 1503 don Diego, antiguo mencey de Adeje ya bautizado, recibió cien fanegas en el paraje entonces llamado Taxo. A mediados del siglo XVI el Valle de Santiago era aún un lugar despoblado: hacia 1552 apenas contaba con una docena de vecinos dispersos en caseríos. Junto a la agricultura incipiente, la principal actividad económica de aquellos primeros tiempos fue la extracción de pez (brea) de los pinares para calafatear los barcos, que se exportaba por los puertos de Garachico y Adeje hacia Lisboa y Cádiz.

El gran hito institucional llegó en el siglo XVII. Por real cédula de 3 de julio de 1663, Fernando del Hoyo Solórzano obtuvo el Señorío del Valle de Santiago, con jurisdicción civil y criminal, a cambio de servir a la Corona con varios miles de ducados de plata. El nuevo señor mandó levantar entre 1665 y 1668 la Casa del Patio, el conjunto histórico más relevante del municipio, y promovió la creación de la parroquia de San Fernando Rey, erigida el 9 de septiembre de 1679 sobre la antigua ermita dedicada a Santiago Apóstol. En torno a ese núcleo se consolidó el caserío, dedicado al cereal, la papa y, muy especialmente, al almendro, que tapizó de blanco las laderas y se convirtió en seña de identidad del valle.

El episodio que marcó para siempre la memoria colectiva fue la erupción del volcán Chinyero, que comenzó el 18 de noviembre de 1909 y se prolongó algo más de una semana. Fue la última erupción registrada en Tenerife hasta hoy y la que menos volumen de lava emitió de cuantas se conocen en Canarias, pero su avance amenazó directamente los cultivos y las casas de Valle de Arriba y Las Manchas. Ante el peligro, los vecinos sacaron en rogativa la imagen del Santísimo Cristo del Valle y, según la tradición profundamente arraigada en el pueblo, la colada detuvo su avance, lo que se interpretó como un milagro que libró al pueblo de la destrucción. Cada año, una procesión conmemora aquellos hechos y la fe colectiva que, en el sentir popular, frenó la lava.

Ya en el siglo XX el municipio cambió de fisonomía. El nombre oficial pasó de Valle de Santiago a Santiago del Teide el 2 de julio de 1916. La carretera de circunvalación de la isla llegó hacia 1930 y la galería de San Fernando, inaugurada en 1957, garantizó el agua que permitió ampliar los cultivos. Pero la verdadera transformación vino de la costa: a partir de 1960, el descubrimiento turístico de los imponentes acantilados de Los Gigantes catalizó el desarrollo de la franja litoral. Surgieron así los núcleos de Los Gigantes, Puerto de Santiago y Playa de la Arena, que convirtieron a un municipio agrícola y de medianías en un destino turístico de primer orden.

Hoy Santiago del Teide vive de ese doble rostro: el de las medianías volcánicas, los almendros en flor, la cerámica guanche de Arguayo y los senderos del Chinyero y de Teno, y el de una costa soleada de aguas profundas a los pies de la mayor muralla marina de Canarias. Un territorio que sabe conjugar la memoria aborigen y señorial con un presente abierto al visitante.

Lugares de interés

Acantilados de Los Gigantes

Acantilados de Los Gigantes

Los Acantilados de Los Gigantes son los más altos de Canarias: una colosal muralla de roca que se desploma verticalmente sobre el Atlántico, con alturas que rondan los 450 metros de media y superan los 600 en algunos tramos. Forman el flanco suroccidental del macizo de Teno, uno de los tres sectores más antiguos de Tenerife, surgido hace millones de años. Los antiguos guanches los llamaban la Muralla del Infierno por su carácter infranqueable. Bajo ellos, el fondo marino guarda gran riqueza natural y aguas profundas que atraen a buceadores y pescadores. La mejor forma de admirarlos es desde el mar, en excursión en barco, o desde los miradores del Puerto de Santiago, contemplando cómo la luz cambia su tono dorado a lo largo del día.

Volcán Chinyero

Volcán Chinyero

El Chinyero protagonizó la última erupción volcánica de Tenerife, iniciada el 18 de noviembre de 1909 y de algo más de una semana de duración. Fue la que menos lava emitió de las erupciones históricas de Canarias, pero sus coladas avanzaron hacia el sur amenazando los cultivos y casas de Valle de Arriba y Las Manchas, hasta que, según la tradición, se detuvieron tras sacar en rogativa al Santísimo Cristo del Valle. Hoy el cono y sus coladas están protegidos en la Reserva Natural Especial del Chinyero, de unas 2.380 hectáreas repartidas entre Santiago del Teide, El Tanque y Garachico. Un sendero circular recorre el malpaís entre pinos canarios, mostrando cómo la naturaleza recoloniza poco a poco la roca negra.

Mirador de Cherfe

Mirador de Cherfe

Encaramado a unos 1.100 metros de altitud en la Degollada de Cherfe, este mirador es uno de los balcones panorámicos más espectaculares del oeste de Tenerife. Marca el paso entre Santiago del Teide y Buenavista del Norte, junto a la carretera que desciende hacia el caserío de Masca (perteneciente a Buenavista del Norte). Desde aquí se contempla un paisaje doble y contrastado: a un lado, el vulcanismo reciente del Teide-Pico Viejo y el cono del Chinyero presidiendo el verde Valle de Santiago; al otro, los abruptos barrancos del antiguo macizo de Teno, esculpidos por la erosión durante millones de años. En días claros asoman al horizonte las islas de La Gomera y La Palma sobre el Atlántico. Es parada imprescindible en el corazón del Parque Rural de Teno.

Iglesia de San Fernando Rey

Iglesia de San Fernando Rey

La iglesia parroquial de San Fernando Rey preside la plaza central de Santiago del Teide, junto al Ayuntamiento. Su origen se remonta a finales del siglo XVII: la parroquia fue erigida el 9 de septiembre de 1679 por iniciativa de Fernando del Hoyo Solórzano, señor del Valle, sobre la antigua ermita dedicada a Santiago Apóstol. De planta rectangular y nave única, presenta una cúpula semiesférica, fachada en blanco y gris, un bello balcón de madera de tradición canaria y una espadaña rematada por la cruz. En su retablo mayor se venera la imagen del Santísimo Cristo del Valle, protagonista de la rogativa de 1909 que, según la tradición, detuvo las coladas del Chinyero. Es el corazón espiritual del municipio y escenario de sus principales celebraciones religiosas.

Puerto de Santiago y Playa de la Arena

Puerto de Santiago y Playa de la Arena

En la franja costera del municipio, Puerto de Santiago conserva el sabor de antiguo pueblo pesquero junto a un litoral hoy plenamente turístico, a los pies de los acantilados de Los Gigantes. Su joya es la Playa de la Arena, una recogida cala de arena negra volcánica enmarcada por riscos, galardonada repetidamente con la Bandera Azul por la calidad de sus aguas y servicios. Es un enclave ideal para el baño, el sol y los deportes acuáticos, con un clima suave durante todo el año. Desde sus paseos marítimos y miradores, como el de Archipenque, se obtienen vistas privilegiadas de la gran muralla de Los Gigantes. Una sucesión de restaurantes de pescado fresco completa el atractivo de esta costa soleada del suroeste tinerfeño.

Arguayo

Arguayo

Arguayo es un pequeño pueblo de medianías, antiguo asentamiento de pastores guanches anterior a la llegada de los castellanos, situado a unos cinco kilómetros del casco de Santiago del Teide junto al roque de su nombre. Conserva con orgullo una de las tradiciones más singulares de la isla: la alfarería sin torno, de raíz aborigen, elaborada históricamente por mujeres. Su gran emblema es el Centro Alfarero y Museo Etnográfico Cha Domitila, fundado en 1986 y bautizado en honor a una de las loceras más célebres del lugar, donde se siguen modelando a mano piezas fieles a las formas guanches: tallas, bernegales, gánigos, tostadores y lebrillos. Rodeado de almendros y viñedos, Arguayo es la puerta a la cultura ancestral del municipio y a senderos hacia el Chinyero.

Mapa de Santiago del Teide

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Folclore y tradiciones

El calendario festivo de Santiago del Teide gira en torno a la devoción al Santísimo Cristo del Valle, cuya imagen se venera en la iglesia de San Fernando Rey. La tradición más emotiva nace de la erupción del Chinyero de 1909: cuando las coladas amenazaban los caseríos, los vecinos sacaron al Cristo en rogativa y, según la creencia popular firmemente arraigada, la lava se detuvo. Desde entonces, una procesión y romería conmemoran cada año aquel suceso y la fe colectiva que se considera salvadora del pueblo. A estas celebraciones se suman las fiestas en honor a Santa Ana en Tamaimo y las del Valle de Arriba, dedicadas al Santísimo Cristo del Valle y a la Virgen de la Estrella, con su característico ambiente de romería canaria, trajes tradicionales, carretas y ofrenda de productos de la tierra.

La fiesta más singular del municipio es, sin duda, la Campaña del Almendro en Flor, que se celebra entre finales de enero y febrero, cuando las medianías de Santiago del Teide, Tamaimo, Valle de Arriba y Arguayo se cubren del manto blanco y rosado de los almendros. Durante semanas se programan rutas senderistas guiadas, mercadillos artesanales, conciertos, exposiciones, concursos de fotografía y rutas gastronómicas que tienen a la almendra como protagonista. Es una celebración que une paisaje, cultura y tradición agrícola, atrayendo a numerosos visitantes a contemplar la floración.

La identidad cultural se completa con la artesanía y la gastronomía. En Arguayo pervive la alfarería guanche sin torno, modelada a mano con técnicas ancestrales en el Centro Alfarero Cha Domitila, una de las joyas etnográficas de Tenerife. En la mesa, los productos del almendro brillan en dulces tradicionales y en platos de la cocina canaria de medianías: potajes, carne de cabra, gofio, quesos y vinos locales, regados con el sabor de una tierra de pastores y agricultores que ha sabido conservar sus raíces.

Fotos: Tuxyso (CC BY-SA 4.0) · Wouter Hagens (CC BY-SA 4.0) · El Grafo (CC BY-SA 4.0) · Edgar El (CC BY 3.0) · Zitumassin (CC BY-SA 4.0) · Falk Arnhold (Falk2) (CC BY-SA 4.0) · Cb22hh (CC BY-SA 3.0 ES) · Wikimedia Commons