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Experiencias
La Matanza de Acentejo
Norte

La Matanza de Acentejo

Tierra de vinos y guachinches, con mercadillo del agricultor muy popular.

Historia

La Matanza de Acentejo se asienta en la franja norte de Tenerife, sobre las medianías que descienden desde los montes de Las Lagunetas hacia el mar y que en época prehispánica formaron parte de la comarca de Acentejo, un territorio fértil y boscoso integrado en el menceyato de Tacoronte. Aquellas laderas surcadas por barrancos, hoy plantadas de viña, fueron escenario de uno de los episodios más recordados de la conquista de Canarias y de toda la historia militar guanche.

El topónimo del municipio nace de la Primera Batalla de Acentejo, librada en mayo de 1494. El conquistador Alonso Fernández de Lugo, que había desembarcado en Añazo y avanzaba hacia el reino de Taoro, se internó con su hueste en el accidentado barranco de Acentejo. Allí las tropas guanches le tendieron una emboscada aprovechando el terreno abrupto y la espesura del monte. El resultado fue una derrota castellana de enorme magnitud: las crónicas hablan de cientos de muertos y de una retirada en desbandada, hasta el punto de que el lugar quedó conocido como "La Matanza". Fue una de las mayores derrotas sufridas por una fuerza castellana fuera de la Península.

Figura clave de aquel combate fue el achimencey Tinguaro, hermano del mencey Bencomo de Taoro y jefe militar de la zona. Su nombre guanche era Chimenchía (o Himenechía); fue el poeta Antonio de Viana quien, en su poema épico de 1604, lo popularizó como Tinguaro, de modo que conviene distinguir el dato histórico de la recreación literaria posterior. Tinguaro mandó la avanzadilla que sorprendió a los castellanos en el barranco, mientras Bencomo acudía con el grueso del ejército. Un año después, en 1495, la suerte se invirtió en la Segunda Batalla de Acentejo, victoria castellana que dio nombre al municipio vecino de La Victoria de Acentejo: así, dos pueblos contiguos conservan en su nombre la memoria de la derrota y del triunfo de la conquista.

Tras la incorporación de la isla a la Corona de Castilla, el territorio se fue poblando de agricultores y el caserío creció en torno a la fe cristiana. La pequeña ermita primitiva del siglo XVI se transformó en parroquia independiente de El Sauzal en 1614-1615, bajo la advocación de El Salvador. Ampliada en el siglo XVII, la iglesia fue destruida por un incendio en junio de 1936 y reconstruida en las décadas siguientes, reinaugurándose el nuevo templo en 1942. La Matanza alcanzó la condición de municipio independiente en el siglo XIX, al amparo de la Constitución de 1812, y recibió el título de villa en 1985.

La economía matancera ha girado históricamente en torno a la tierra. El cultivo de la vid es seña de identidad: el municipio se integra en la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo, la primera D.O. vinícola de Canarias, célebre por sus tintos de altura. Junto a la viña perviven los cultivos de papas, hortalizas, frutales y castaños de las medianías. Esa vocación agraria tiene su gran escaparate en el Mercadillo del Agricultor, el Vino y la Artesanía, inaugurado en 1999 y convertido en uno de los más visitados del norte insular.

Hoy La Matanza de Acentejo es un municipio de algo más de nueve mil habitantes que combina su raíz rural con un atractivo turístico tranquilo y auténtico. Sus miradores asomados a la costa norte, como el de La Vica, sus barrancos cargados de historia, su buena mesa regada con vino de la tierra y unas fiestas patronales muy arraigadas hacen de este pueblo un destino ideal para quien busca el Tenerife más genuino, lejos del bullicio del sur y muy cerca de la memoria guanche.

Lugares de interés

Barranco de Acentejo

Barranco de Acentejo

Este profundo barranco que baja desde las medianías hacia la costa norte es el corazón histórico del municipio: aquí se libró en mayo de 1494 la Primera Batalla de Acentejo, donde las tropas guanches del mencey Bencomo y su hermano Tinguaro infligieron a la hueste de Alonso Fernández de Lugo una de las mayores derrotas de la conquista de Canarias. La densidad del monte y lo abrupto del terreno permitieron la emboscada que dio nombre a "La Matanza". Hoy sus laderas, salpicadas de viñedos y vegetación, conservan ese poso épico que las crónicas y la tradición han transmitido durante siglos. El conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural en 2007 por su valor histórico, y recorrer su entorno es asomarse a uno de los episodios fundacionales de la identidad tinerfeña.

Iglesia Parroquial de El Salvador

Iglesia Parroquial de El Salvador

Templo principal del municipio y centro de la vida religiosa matancera, dedicado a El Salvador. Sus orígenes se remontan a una modesta ermita del siglo XVI que, separada de la jurisdicción de El Sauzal, fue erigida en parroquia independiente en 1614-1615. Ampliada notablemente en el siglo XVII con naves laterales, la iglesia histórica quedó destruida por un incendio en junio de 1936. Tras años de obras, el nuevo templo se reinauguró en 1942, con planta de cruz griega de tres naves y dos torres, integrando elementos rescatados del edificio anterior. Preside la plaza del pueblo y es escenario de las fiestas patronales de San Salvador, en agosto. Constituye una parada imprescindible para entender la historia y la devoción de La Matanza.

Ermita de San Antonio Abad

Pequeño templo cuya tradición lo vincula directamente con la Batalla de Acentejo, librada a pocos metros, en el barranco. La leyenda cuenta que uno de los primeros escribanos del archipiélago, Antón Vallejo, prometió levantar una ermita si sobrevivía o vencía en aquel combate; el santuario se documenta hacia 1539. Está consagrado a San Antonio Abad, protector de los animales, y su entorno es marco de una de las celebraciones ganaderas más singulares de la isla. Es un rincón sencillo y entrañable que une devoción popular, memoria histórica y arraigo rural en un mismo lugar.

Mirador de La Vica

Magnífico balcón natural situado a unos 910 metros de altitud, en la vertiente alta del municipio e integrado en el Paisaje Protegido de Las Lagunetas. Desde su atalaya se despliegan amplias panorámicas del Valle de La Orotava, la imponente silueta del Teide y la costa norte de Tenerife, alcanzándose en los días más claros a divisar la isla de La Palma. Acondicionado con aparcamiento y zona de descanso, es punto de partida ideal para senderos y rutas en bicicleta que conectan con las cumbres del norte. Su exposición a los vientos alisios envuelve a menudo el lugar en un mar de nubes que le añade un encanto especial. Una parada perfecta para los amantes de la naturaleza y la fotografía.

Monumento al achimencey Tinguaro

Monumento al achimencey Tinguaro

Imponente escultura en bronce que rinde homenaje a Tinguaro, el achimencey o jefe militar guanche, hermano del mencey Bencomo, que dirigió a los suyos en la Primera Batalla de Acentejo de 1494. Obra del artista local Miguel Ángel Padilla, fue inaugurada el 1 de mayo de 2007 y representa al caudillo aborigen con unos cuatro metros de altura, en actitud de combate. El monumento reivindica la memoria del pueblo guanche y su heroica resistencia frente a la conquista, y se ha convertido en uno de los símbolos identitarios del municipio. Un punto idóneo para conocer y honrar la raíz prehispánica de La Matanza.

Mercadillo del Agricultor, el Vino y la Artesanía

Inaugurado en 1999, es uno de los mercadillos agrícolas más concurridos del norte de Tenerife y el gran escaparate de los productos matanceros. En sus puestos, repartidos entre agricultores y artesanos, se encuentran frutas y verduras frescas, papas, miel, quesos, panes, dulces y piezas de artesanía local. Cuenta además con un punto de información, cata y venta de vinos de la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo, donde degustar los célebres tintos de altura de la comarca. Abre los fines de semana y reúne a vecinos y visitantes en un ambiente festivo y auténtico. Es la mejor manera de saborear y llevarse a casa lo mejor de la tierra matancera.

Folclore y tradiciones

El calendario festivo de La Matanza de Acentejo está marcado por sus dos grandes citas patronales. En agosto se celebran las fiestas de El Salvador, patrón del municipio, con la procesión del titular, verbenas, actos religiosos y un ambiente popular que llena la plaza de la iglesia. La otra gran cita llega en torno al 17 de enero con San Antonio Abad, protector de los animales: la festividad mantiene viva la tradición ganadera con la conocida "Octava Ganadera", una concurrida feria de ganado en la que los vecinos exhiben sus reses y se bendicen los animales, herencia directa del pasado agrícola del pueblo.

La cultura matancera es, ante todo, cultura de la tierra y del vino. El municipio se enorgullece de pertenecer a la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo, pionera de Canarias, y la vendimia, las catas y las fiestas del vino tienen un peso especial en la vida local. El Mercadillo del Agricultor, el Vino y la Artesanía, abierto los fines de semana, funciona como auténtico punto de encuentro: allí se compra producto fresco de medianías, se cata el tinto local y se reivindica el oficio del agricultor y del artesano. A lo largo del año se suman certámenes vinícolas y ferias como la de la castaña en otoño, que celebran los frutos de cada estación.

La gastronomía refleja esa raíz campesina y norteña: papas con piel acompañadas de mojos, carnes y cabra, potajes y berros, quesos del país y dulcería tradicional, todo ello maridado con los aromáticos vinos tintos de la comarca. Comer en La Matanza es disfrutar de una cocina honesta, ligada al producto de proximidad y a las recetas de siempre, en la que el visitante encuentra el sabor más auténtico de las medianías de Tenerife.

Fotos: Koppchen (Christian Köppchen) (CC BY 3.0) · Chuma23m (CC BY-SA 4.0) · Paweł 'pbm' Szubert (CC BY-SA 3.0) · Koppchen (CC BY 3.0) · Wikimedia Commons