Saltar al contenido
Experiencias
Vilaflor
Sur

Vilaflor

El pueblo más alto de España, puerta sur del Teide entre pinares y viñedos.

Historia

Mucho antes de la conquista castellana, las tierras altas que hoy ocupa Vilaflor de Chasna formaban parte del menceyato de Abona, uno de los nueve reinos guanches en que se dividía Tenerife. La voz "Chasna", de origen aborigen, da nombre a toda esta comarca del sur insular y se ha interpretado como "grada" o "escalón", en alusión al relieve escalonado que asciende desde la costa hacia la cumbre. Para los antiguos canarios, los pinares y las medianías de Chasna fueron territorio de pastoreo y trashumancia estacional; esa vocación ganadera marcaría durante siglos el carácter del lugar.

Tras la incorporación de la isla a la Corona de Castilla a finales del siglo XV, la zona se fue poblando al amparo de la ganadería, la madera de los pinares y, sobre todo, del agua de sus manantiales, un bien escaso y preciado en el sur. La tradición atribuye la fundación del núcleo al colono catalán Pedro Soler y a su esposa Juana de Padilla, hija del propietario de las tierras de Chasna Juan Martín de Padilla, quienes hacia 1533 levantaron una ermita dedicada a San Pedro Apóstol. Aquel templo, elevado a parroquia en 1568, se convirtió en el corazón del caserío y en el germen del actual casco histórico, de calles empedradas y arquitectura tradicional canaria.

Vilaflor ostenta uno de sus títulos más célebres por su emplazamiento: con su casco urbano situado en torno a los 1.400 metros sobre el nivel del mar, está considerado uno de los pueblos o núcleos de población habitados a mayor altitud de España y el más alto de Canarias. Conviene matizar el dato con rigor: por superficie hay municipios cuyo término alcanza cotas superiores —en la propia isla, el de La Orotava engloba la cima del Teide—, pero ningún casco urbano consolidado de las islas se asienta tan arriba como el de Vilaflor, lo que le ha valido la fama de "pueblo más alto de Canarias". Esta altitud condiciona su clima, su paisaje y su modo de vida.

El 21 de marzo de 1626 nació en Vilaflor la figura histórica más universal del municipio: Pedro de San José Betancur, conocido como el Santo Hermano Pedro. Pastor en su juventud por estos montes, emigró a Guatemala, donde dedicó su vida a los enfermos, los pobres y la enseñanza, fundó el primer hospital de convalecientes y la primera escuela popular de la América hispana, y creó en torno a 1656 la Orden de los Hermanos de Nuestra Señora de Belén (betlemitas). Falleció en Santiago de los Caballeros en 1667; fue beatificado en 1980 y canonizado por el papa Juan Pablo II en 2002, convirtiéndose en el primer santo canario y el primer santo centroamericano. Su devoción une todavía hoy a Tenerife con Guatemala.

La identidad de Vilaflor es inseparable de su entorno natural. El municipio se asoma al Parque Natural de la Corona Forestal, el espacio protegido más extenso de Canarias, donde crece uno de los mejores pinares de pino canario (Pinus canariensis) de la isla. Allí se alza el célebre Pino Gordo, ejemplar monumental de unos 45 metros de altura y cerca de 9 metros de perímetro, con varios siglos de vida, símbolo del pueblo hasta el punto de figurar en su escudo. En las inmediaciones se extiende además el llamado Paisaje Lunar de Los Escurriales, un conjunto de chimeneas y agujas de toba blanca esculpidas por la erosión, de aspecto casi extraterrestre.

En la actualidad, Vilaflor de Chasna —nombre oficial recuperado en 2014 al añadir su antiguo topónimo guanche— es una localidad rural de cerca de 1.900 habitantes que ha convertido sus señas de identidad en motor económico. El agua mineral natural Fuentealta, embotellada en el municipio desde 1975 a partir de un manantial de la cumbre, y el vino de altura amparado por la Denominación de Origen Abona —con algunos de los viñedos más elevados de Europa— son sus productos emblemáticos. A ellos se suman la agricultura tradicional, la artesanía de las rosetas (calados) y un turismo de naturaleza, senderismo y peregrinación que encuentra aquí silencio, pinares, cielos limpios para observar las estrellas y la huella viva de un santo.

Lugares de interés

Paisaje Lunar (Los Escurriales)

Paisaje Lunar (Los Escurriales)

Conocido popularmente como Paisaje Lunar, Los Escurriales es uno de los parajes más insólitos de Tenerife: un conjunto de chimeneas, conos y agujas de toba volcánica blanquecina, formadas por antiguos depósitos de piedra pómez y cenizas que el agua y el viento han esculpido durante milenios mediante erosión diferencial. El resultado es un relieve de aspecto casi extraterrestre, de ahí su sobrenombre. Se localiza en el barranco de Las Arenas, en pleno pinar de la Corona Forestal, a la sombra del Teide. La forma habitual de visitarlo es a pie, por el sendero señalizado PR-TF 72, ruta circular que parte de Vilaflor y atraviesa pinares de pino canario hasta el mirador sobre las formaciones. Es uno de los grandes iconos paisajísticos del municipio.

Pino Gordo

Pino Gordo

El Pino Gordo es el árbol más emblemático de Vilaflor y uno de los pinos canarios (Pinus canariensis) más colosales que existen. Se alza en el pinar de la Corona Forestal, por encima del casco, dentro del entorno del Parque Nacional del Teide. Destaca sobre todo por su descomunal tronco, con un perímetro próximo a los 9 metros, y por una altura cercana a los 45 metros, que lo sitúan entre los árboles más voluminosos y altos de su especie en España. Los estudios dendrocronológicos le atribuyen varios siglos de vida —en torno a los 700-800 años—, durante los cuales ha sobrevivido a incendios y temporales. Su silueta es un símbolo identitario del municipio, hasta el punto de figurar en su escudo. Muy cerca crece el Pino de las Dos Pernadas, otro ejemplar monumental entre los más altos del país.

Iglesia de San Pedro Apóstol

Iglesia de San Pedro Apóstol

La iglesia parroquial de San Pedro Apóstol es el principal templo de Vilaflor y uno de los más antiguos del sur de Tenerife. Tiene su origen en la ermita que el matrimonio fundador, Pedro Soler y Juana de Padilla, mandó levantar hacia 1533, elevada a parroquia en 1568. El edificio actual, fruto de sucesivas ampliaciones, presenta planta de varias naves y conserva un valioso patrimonio de imaginería, retablos y orfebrería religiosa acumulado a lo largo de los siglos. Preside el casco histórico tradicional y es el corazón espiritual del pueblo, escenario de las principales celebraciones religiosas, entre ellas las fiestas patronales de San Pedro. Su antigüedad y su valor lo convierten en visita obligada para comprender los orígenes del municipio.

Santuario del Santo Hermano Pedro

Santuario del Santo Hermano Pedro

El Santuario del Santo Hermano Pedro, en Vilaflor, está dedicado a Pedro de San José Betancur, primer santo canario y centroamericano, nacido en este pueblo en 1626. El templo se levanta en el lugar que ocupó la casa natal del santo, hoy no conservada pero cuya ubicación se conocía, y es uno de los principales focos de devoción de la isla. En su interior se custodian reliquias del santo, entre ellas una vértebra y la campana con la que llamaba a los fieles. El santuario es punto de partida del Camino del Hermano Pedro, la ruta de peregrinación que recorre los antiguos caminos de pastoreo de Chasna hasta la cueva donde el santo se refugiaba con su rebaño, cerca de El Médano, en el vecino municipio de Granadilla de Abona.

Casco histórico tradicional

Casco histórico tradicional

El casco histórico de Vilaflor conserva el sabor de un pueblo canario de medianías de montaña. Sus calles empedradas, en suave pendiente, están flanqueadas por casas tradicionales de muros encalados, cubiertas a dos aguas, balcones y carpintería de tea, en torno a la plaza y a la iglesia de San Pedro Apóstol. El conjunto refleja siglos de vida ligada al pastoreo, la agricultura de altura y el aprovechamiento del agua y del pinar. Pasear por él permite descubrir rincones tranquilos, fuentes y el ambiente sosegado de la localidad situada a mayor altitud del país. Es también escenario de la artesanía local, en especial las rosetas o calados, labor de aguja muy arraigada en la zona. Su entorno limpio y su altura lo hacen un destino apreciado por quienes buscan autenticidad y naturaleza.

Viñedos y vino de altura

Vilaflor es tierra de vino de altura amparado por la Denominación de Origen Abona, que agrupa los municipios del sur de Tenerife. Sus viñedos figuran entre los más elevados de Europa, con parcelas que ascienden por encima de los 1.500 metros, cultivadas sobre suelos volcánicos oscuros y en vaso, con bajos rendimientos que favorecen la calidad. La variedad predominante es la Listán Blanco, acompañada de Listán Negro y de uvas minoritarias como Malvasía, Gual o Marmajuelo. La gran amplitud térmica entre el día y la noche, la insolación y la pureza del aire de la cumbre confieren a estos vinos frescura, mineralidad y un carácter singular. Visitar las bodegas y los bancales de la zona es asomarse a una viticultura heroica, modelada por la altitud y la huella volcánica del Teide.

Mapa de Vilaflor

Loading map...

Folclore y tradiciones

La cultura popular de Vilaflor de Chasna gira en buena medida en torno a la figura del Santo Hermano Pedro, el pastorcillo nacido aquí en 1626 que llegaría a ser el primer santo canario y centroamericano. Su devoción está profundamente arraigada: cada año, en torno a su festividad de finales de abril, el pueblo le rinde culto, y desde el santuario que se alza sobre su casa natal parte el Camino del Hermano Pedro, una ruta de peregrinación que sigue los antiguos caminos de pastoreo de la comarca hasta la cueva donde el santo se refugiaba con su rebaño, cerca de El Médano. Esta peregrinación, muy sentida por los chasneros, mantiene viva la memoria del santo y une espiritualmente a Tenerife con Guatemala, donde desarrolló su obra.

Las fiestas patronales se celebran en honor a San Pedro Apóstol, titular de la parroquia, con actos religiosos, procesiones, verbenas y manifestaciones de la cultura tradicional canaria como las romerías, en las que carretas engalanadas, trajes típicos, parrandas y reparto de productos de la tierra recorren las calles del pueblo. La música popular, el folclore y la gastronomía local son protagonistas en estas jornadas, que reúnen a vecinos y a hijos del pueblo emigrados.

El legado del antiguo mundo pastoril sigue presente en la identidad chasnera, heredera de la trashumancia guanche y de siglos de ganadería por los pinares y las medianías. A esa herencia se suma una gastronomía de montaña basada en productos de altura: las papas cultivadas en los bancales, las legumbres, los quesos, la miel y, muy especialmente, el vino de la Denominación de Origen Abona y el agua mineral de la cumbre. La artesanía tradicional de las rosetas o calados, labor de aguja transmitida de generación en generación, completa un patrimonio inmaterial que el municipio conserva con orgullo.

Fotos: Pavel Hrdlička (User:Packa) (CC BY-SA 4.0) · Dreol (CC BY-SA 3.0) · Fry72 (CC BY-SA 4.0) · Axel Cotón Gutiérrez (CC BY-SA 4.0) · Maesi64 (CC0) · Fry72 (CC BY-SA 4.0) · Wikimedia Commons