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Experiencias
Puerto de la Cruz
Norte

Puerto de la Cruz

La capital turística del norte: Lago Martiánez, Jardín Botánico, Loro Parque y un casco con encanto frente al Atlántico.

Historia

El Puerto de la Cruz nace en el siglo XVI como simple embarcadero y aldea de pescadores en la costa de La Orotava, en el punto donde la tradición sitúa la cruz plantada durante la conquista, de la que tomaría su nombre. Conocido entonces como Puerto de La Orotava, sirvió como salida marítima del fértil Valle de La Orotava, primero para el azúcar y, tras la decadencia de la caña, para el cultivo que marcaría su destino: el vino. La exportación del malvasía y de otros caldos canarios hacia Inglaterra atrajo a comerciantes y cónsules extranjeros, que se asentaron en la villa y le dieron desde muy pronto un carácter cosmopolita poco habitual en las islas.

El gran salto llegó a comienzos del siglo XVIII. La erupción de Arenas Negras de 1706, del volcán de Montaña Negra (conocida popularmente como erupción del volcán de Trevejo), sepultó y arruinó el puerto de Garachico, hasta entonces el principal de Tenerife y gran exportador del afamado malvasía que Shakespeare citó en sus obras. El Puerto de la Cruz heredó ese protagonismo y se convirtió en el embarcadero más importante de la isla y en uno de los más activos del Atlántico, centro del comercio del vino y también del contrabando de manufacturas hacia América. Conviene matizar que su auge no se debió solo a la ruina de Garachico: su poblacion ya crecía con fuerza desde el siglo XVII. La prosperidad mercantil cuajó en una arquitectura señorial de casonas, miradores y ermitas que aún define su casco histórico.

En 1772 obtuvo cierta autonomía respecto a La Orotava y en 1808 alcanzó plena independencia municipal, adoptando el nombre de Puerto de la Cruz. Esa centuria trajo también dos hitos de proyección universal. En 1788, una real orden de Carlos III creó el Jardín de Aclimatación de La Orotava, encomendado a Alonso de Nava-Grimón, marqués de Villanueva del Prado, con el fin de aclimatar plantas exóticas traídas de los trópicos antes de enviarlas a los jardines reales de la Península; nacía así el segundo jardín botánico más antiguo de España.

En junio de 1799, el naturalista Alexander von Humboldt hizo escala en Tenerife camino de América. Ascendió al Teide, visitó el jardín botánico y quedó deslumbrado por el Valle de La Orotava, que describió como uno de los parajes más bellos y majestuosos que había contemplado jamás. Sus palabras dieron fama internacional al lugar y contribuyeron a forjar la imagen romántica del valle que atraería a los viajeros del siglo siguiente.

Esa atracción cristalizó en el nacimiento del turismo. A lo largo del siglo XIX, médicos y viajeros británicos recomendaron el suave y estable clima del Puerto como remedio para enfermedades respiratorias, y la villa se transformó en estación de invierno para una clientela aristocrática y burguesa europea. Surgieron hoteles pioneros, una colonia británica estable y construcciones tan singulares como la biblioteca inglesa de 1903. El Puerto de la Cruz se ganó así el título de primer destino turístico de Canarias y uno de los más tempranos de España.

El siglo XX consolidó esa vocación con el sello del arte. El artista lanzaroteño César Manrique diseñó el Lago Martiánez, inaugurado en 1977 sobre los antiguos charcos de Martiánez donde se bañaban los primeros turistas: un gran complejo de piscinas, islas y jardines de agua de mar integrado en el paisaje volcánico, hoy declarado Bien de Interés Cultural. Años después, Manrique firmaría también el entorno ajardinado de la Playa Jardín. En 1972, el empresario alemán Wolfgang Kiessling abrió Loro Parque, que de un pequeño parque de papagayos pasó a ser uno de los zoológicos más reconocidos del mundo y un motor turístico de la ciudad.

Hoy el Puerto de la Cruz combina su herencia histórica con la modernidad: el casco antiguo en torno a la Plaza del Charco, el viejo muelle pesquero donde aún faenan las falúas, el castillo de San Felipe convertido en espacio cultural y un proyecto de puerto deportivo y pesquero que aspira a dar a la ciudad, cinco siglos después, una marina a la altura de su historia marinera. Sigue siendo el corazón turístico del norte de Tenerife, fiel a la mezcla de mar, jardines y cosmopolitismo que lo hizo célebre.

Lugares de interés

Plaza del Charco

Plaza del Charco

Es el corazón social y el gran salón urbano del Puerto de la Cruz. Su nombre procede del antiguo Charco de los Camarones, una poza de agua marina que se formaba junto a esta zona, abierta entonces a la costa, y de la que ya hay referencias en el siglo XVII. A lo largo del tiempo se llamó también Plaza Real, de la Constitución y del Generalísimo, hasta recuperar su nombre tradicional. La preside una arboleda de laureles de Indias traídos de Cuba en 1852, que dan sombra a terrazas, heladerías y bares. Punto de encuentro de portuenses y visitantes, late con especial fuerza al atardecer y durante las fiestas, cuando se convierte en escenario de música, mercadillos y la castaña de San Andrés.

Lago Martiánez

Lago Martiánez

Obra maestra del artista lanzaroteño César Manrique, este complejo de baño es uno de los grandes emblemas de la ciudad. Se levanta sobre los antiguos charcos de Martiánez, donde se bañaban los primeros turistas a finales del siglo XIX. Sus primeras piscinas se inauguraron en 1971 y el gran lago artificial, el 30 de abril de 1977. Ocupa unos 33.000 metros cuadrados de piscinas, islas, jardines y solariums alimentados con agua de mar, con esculturas y fuentes integradas en el paisaje volcánico, fiel a la filosofía de Manrique de unir arte y naturaleza. Fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Jardín Histórico en 2005.

Jardín Botánico (Jardín de Aclimatación de La Orotava)

Jardín Botánico (Jardín de Aclimatación de La Orotava)

Fundado por real orden de Carlos III en 1788, es el segundo jardín botánico más antiguo de España, después del Real Jardín Botánico de Madrid. Su misión era aclimatar plantas exóticas traídas de las colonias tropicales antes de enviarlas a los jardines reales de la Península. El proyecto se encomendó a Alonso de Nava-Grimón, marqués de Villanueva del Prado, con la colaboración del ilustrado Viera y Clavijo. Conserva el nombre de La Orotava porque el Puerto pertenecía entonces a ese municipio. Hoy reúne miles de especies tropicales y subtropicales de todo el mundo y su gran atractivo es un colosal ficus centenario de raíces aéreas. Humboldt lo visitó en 1799.

Castillo de San Felipe

Castillo de San Felipe

Esta pequeña fortaleza de piedra fue una de las cuatro defensas que protegieron el Puerto de la Cruz frente a piratas y corsarios. Su construcción comenzó hacia 1599, sobre unas plataformas artilladas que ya habían rechazado un ataque, y concluyó a comienzos del siglo XVII. De planta pentagonal y estilo colonial, llegó a estar rodeado por un foso con puente levadizo y albergaba una treintena de soldados y varios cañones de hierro. Desartillado en 1878, sirvió como enfermería y lazareto y quedó en desuso militar en 1924. Tras una profunda rehabilitación a finales del siglo XX, es hoy un espacio cultural municipal que acoge conciertos y exposiciones.

Playa Jardín

Playa Jardín

Una de las playas más emblemáticas del norte de Tenerife, situada junto a Punta Brava. Su arena negra de origen volcánico se reparte en tres tramos: Playa del Castillo, Playa del Charcón y Playa de Punta Brava. Lo que la hace única es su entorno ajardinado, diseñado por César Manrique en los años noventa, con cascadas, cuevas de piedra natural y abundante vegetación autóctona que envuelve al bañista en un paisaje cuidado. Un dique semisumergido protege el baño y garantiza la circulación del agua. Cuenta con servicios de socorrismo y aseos, y ondea en ella la Bandera Azul de la Unión Europea desde 2019.

Loro Parque

Loro Parque

Inaugurado el 17 de diciembre de 1972 por el empresario alemán Wolfgang Kiessling, comenzó como un modesto parque de papagayos con apenas 150 aves y 13.000 metros cuadrados. Tras unos primeros años muy difíciles, creció hasta convertirse en uno de los zoológicos más reconocidos del mundo y en uno de los principales atractivos turísticos de Canarias. Hoy alberga una de las mayores colecciones de loros y papagayos del planeta, junto a gorilas, pingüinos, tiburones, orcas y delfines, repartidos en amplios recintos y jardines subtropicales. Combina el ocio con programas de conservación y cría de especies amenazadas a través de su fundación.

Mapa de Puerto de la Cruz

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Folclore y tradiciones

El alma marinera del Puerto de la Cruz aflora en sus Grandes Fiestas de Julio, celebradas en honor del Gran Poder de Dios, la Virgen del Carmen y San Telmo. El Gran Poder de Dios, venerado desde el siglo XVIII y conocido popularmente como El Viejito, congrega a miles de personas en sus procesiones. Pero el momento más esperado es la embarcación de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros: una tradición impulsada hacia 1921 en la que la imagen es paseada en barca por la costa entre falúas engalanadas, salvas y fuegos. Es considerada la embarcación marinera más multitudinaria de Canarias, con más de cien mil personas reunidas en el muelle, precedida por la popular cucaña en el agua.

La otra gran cita es el Día de los Cacharros, en la víspera de San Andrés, el 29 de noviembre. Niños, jóvenes y mayores recorren las empinadas calles del casco arrastrando latas, bañeras y toda clase de chatarra atada con alambres para producir el mayor estruendo posible. La costumbre se remonta a los bodegueros que, esa noche, limpiaban las barricas con agua de mar y las hacían rodar cuesta abajo hasta la orilla, marcando el momento de abrir el vino nuevo. La fiesta enlaza así con la tradición vinícola del valle y se acompaña de la apertura de las bodegas.

La gastronomía local es fiel reflejo de ese pasado de mar y viñedo. En torno al muelle se sirve pescado fresco recién desembarcado por las falúas, sancocho, viejas, jareas y el clásico pescado salado, siempre con papas arrugadas y mojo verde y rojo. Por San Andrés se imponen las castañas asadas, las sardinas y el vino joven de la comarca, mientras que entre los dulces destacan las quesadillas y los productos de las antiguas tradiciones canarias, que la ciudad mantiene vivas en sus fiestas, romerías y en el bullicio cotidiano de la Plaza del Charco.

Fotos: Cayambe (CC BY-SA 4.0) · El fosilmaníaco (CC BY-SA 3.0) · Quartl (CC BY-SA 3.0) · Mike Peel (CC BY-SA 4.0) · Diego Delso (CC BY-SA 3.0) · Fry72 (CC BY-SA 4.0) · AnatolyPm (CC BY-SA 4.0) · Wikimedia Commons