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Experiencias
Los Silos
Norte

Los Silos

Pueblo tranquilo de Isla Baja, drago, costa virgen y senderos hacia Teno.

Historia

La Villa de Los Silos se asienta en el extremo noroeste de Tenerife, en el corazón de la comarca natural de la Isla Baja, un fértil llano costero abierto al Atlántico y respaldado por las montañas del macizo de Teno. Antes de la conquista castellana, estas tierras formaban parte del menceyato guanche de Daute, uno de los reinos aborígenes de la isla, cuyos pobladores aprovechaban los manantiales, las cuevas y los pastos de las medianías. La memoria de aquel mundo prehispánico pervive en los topónimos y en los yacimientos que jalonan el territorio de Teno.

El origen del pueblo está íntimamente ligado a la agricultura cerealista del siglo XVI. Concluida la conquista, las tierras del antiguo Daute fueron repartidas, y el portugués Gonzalo Yanes (Gonzalianes) reunió una importante hacienda en el lugar desde finales del siglo XV. En su propiedad mandó construir tres silos para almacenar el grano, depósitos que dieron nombre a la localidad: el topónimo «Los Silos» aparece documentado por primera vez en un albalá fechado el 15 de marzo de 1509. A lo largo de la centuria, el caserío creció con colonos castellanos, portugueses, catalanes, extremeños y genoveses, además de gentes llegadas de La Gomera, El Hierro y Gran Canaria, y a mediados del siglo XVI contaba ya con un centenar de habitantes.

La vida religiosa estructuró el núcleo desde temprano. Existía una primitiva ermita cuando, hacia 1568, se decidió levantar una iglesia bajo la advocación de Nuestra Señora de la Luz, concluida en 1570. En septiembre de 1605 los vecinos lograron elevarla a parroquia, desvinculándose de Buenavista a cambio de nuevas obras como el coro y la ampliación de la capilla mayor. Décadas después, el 31 de agosto de 1649, el capitán Sebastián Pérez Enríquez y su esposa Luisa Francisca Montañés fundaron frente a la iglesia el convento de monjas cistercienses de San Sebastián, que alcanzó autosuficiencia en 1658 y dio a la villa un carácter conventual singular durante casi dos siglos.

La economía descansó siempre sobre el campo. En el siglo XVI prosperaron el cereal de exportación, la caña de azúcar —con varios ingenios o molinos— y extensos viñedos. Tras la decadencia azucarera, el vino tomó el relevo y, en el siglo XIX, irrumpió brevemente la cochinilla para tinte. A finales de esa centuria comenzó la gran transformación agraria del noroeste tinerfeño: la llegada del plátano, que con el regadío convirtió la Isla Baja en un mar de platanera y sostuvo la economía local durante todo el siglo XX. La villa creció en paralelo: tras la epidemia que partió de Garachico hacia 1606, la población se recuperó, alcanzó casi un millar de almas en el siglo XVIII y superó los cuatro mil habitantes a mediados del XX. Los Silos recibió el título de villa el 28 de julio de 1921.

Del antiguo convento de San Sebastián queda hoy uno de los edificios más emblemáticos del pueblo. Tras la desamortización de 1836 pasó por el Ministerio de la Guerra, Hacienda y las escuelas municipales, y entre 1912 y 1980 albergó la sede del Ayuntamiento; fue declarado monumento histórico-artístico el 7 de febrero de 1986. Junto a él, la iglesia de Nuestra Señora de la Luz luce desde la reforma de 1930, obra del arquitecto Mariano Estanga, una llamativa fachada de aire neogótico que se ha convertido en imagen reconocible del casco.

Un símbolo más reciente preside hoy el municipio: el esqueleto de un rorcual boreal de más de 16 metros y unas veinte toneladas, instalado en el paseo del Charco de la Araña. Recuperado de un varamiento, restaurado y tratado dentro del proyecto «Esculturas de la Naturaleza» —pionero en la provincia—, rinde homenaje a los cetáceos del Atlántico canario y es ya seña de identidad de Los Silos. La costa volcánica, con sus charcos naturales de agua de mar, los molinos y hornos de cal del litoral, y los senderos que ascienden al Parque Rural de Teno hacia Cuevas Negras y Erjos completan un patrimonio que combina mar, campo y montaña.

En la actualidad, Los Silos es un municipio tranquilo y profundamente agrícola que ha apostado por el turismo sostenible, el senderismo y la cultura. Su gran emblema contemporáneo es el Festival Internacional del Cuento, nacido en 1995, que cada diciembre llena plazas, iglesias y calles de narración oral y lo ha situado como una de las grandes citas de la palabra contada en el mundo hispano. La villa conserva así un raro equilibrio: la huella guanche de Daute, el legado conventual, la platanera y el Atlántico, y una vida cultural viva que la proyecta mucho más allá de la Isla Baja.

Lugares de interés

Iglesia de Nuestra Señora de la Luz

Iglesia de Nuestra Señora de la Luz

Templo parroquial y corazón religioso de Los Silos, dedicado a la patrona del municipio. Se levantó sobre una primitiva ermita: la iglesia se concluyó en 1570 y, en septiembre de 1605, los vecinos lograron elevarla a parroquia desvinculándola de Buenavista, lo que obligó a instalar el coro y ampliar la capilla mayor. En 1930, el arquitecto Mariano Estanga reformó su exterior y le dio el llamativo aire neogótico de sus torres, hoy imagen reconocible del casco. En su interior se conservan piezas de gran valor, como el Santísimo Cristo de la Misericordia, talla barroca atribuida al andaluz Francisco de Ocampo, el Señor de la Humildad y la Paciencia, y la imagen de la Virgen de la Luz que, según la tradición, halló en la costa un pescador portugués. Cada 8 de septiembre es escenario de las fiestas patronales y de la conmovedora «Elevación de la Virgen».

Antiguo Convento de San Sebastián

Antiguo Convento de San Sebastián

Uno de los edificios más emblemáticos de la villa, situado frente a la iglesia y la plaza principal. Fue fundado el 31 de agosto de 1649 por el capitán Sebastián Pérez Enríquez y su esposa Luisa Francisca Montañés como convento de monjas cistercienses, aprovechando casas y solares del fundador. La vida de clausura comenzó con ocho religiosas —tres de ellas hijas del fundador— y la comunidad alcanzó la autosuficiencia en 1658, destacando en la producción de seda y cintas. Tras la desamortización de 1836, el inmueble pasó por el Ministerio de la Guerra, Hacienda y las escuelas municipales, y entre 1912 y 1980 albergó la sede del Ayuntamiento. Fue declarado monumento histórico-artístico el 7 de febrero de 1986. Hoy es un espacio cultural y de exposiciones, referente del patrimonio silense.

Casco histórico de Los Silos

Casco histórico de Los Silos

El núcleo tradicional de la villa se ordena en torno a la plaza de la Luz, donde dialogan la iglesia parroquial y el antiguo convento de San Sebastián, los dos grandes hitos del pueblo. Sus calles tranquilas conservan casonas de arquitectura canaria, con balcones de tea, patios y fachadas encaladas, testimonio de la prosperidad agrícola de los siglos XVIII y XIX. La plaza, sombreada y animada, es el centro de la vida social y el corazón del Festival Internacional del Cuento cada diciembre. Pasear por el casco permite leer la historia de Los Silos: del cereal que le dio nombre y de los silos de grano de Gonzalo Yanes, al esplendor conventual y a la villa platanera que se consolidó en el siglo XX. Es un conjunto de escala humana, ideal para recorrer a pie con calma.

Esqueleto de rorcual boreal

Esqueleto de rorcual boreal

El símbolo contemporáneo de Los Silos es el imponente esqueleto de un rorcual boreal de más de 16 metros de longitud y unas veinte toneladas, expuesto en el paseo del Charco de la Araña, junto al mar. Procedente de un varamiento, sus huesos fueron rescatados, estudiados, restaurados y tratados dentro del proyecto «Esculturas de la Naturaleza», pionero en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, cuyo objetivo es la sensibilización ambiental y el homenaje a los cetáceos del Atlántico canario. La pieza requiere mantenimiento periódico, con lijado y nuevas capas de fibra para protegerla de la intemperie y la salinidad. Visitable de forma libre todo el año, se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles del municipio y en un recurso educativo que recuerda la extraordinaria riqueza de ballenas y delfines de las aguas canarias.

Costa y charcos naturales

Costa y charcos naturales

El litoral de Los Silos es de naturaleza volcánica, recortado por coladas de lava donde el Atlántico ha esculpido charcos naturales de agua de mar, refugios tradicionales de baño para los vecinos. El frente costero, que se extiende hacia Sibora y el vecino Interián, combina playas de callaos, piscinas naturales y un patrimonio etnográfico singular: molinos de agua como el Molino de Daute, antiguos hornos de cal y la Casa del Telégrafo, vestigios de la vida y la economía del litoral. Es un tramo perfecto para paseos junto al océano, para observar el oleaje rompiendo contra la roca negra y para baños tranquilos cuando el mar lo permite. El paseo marítimo, presidido por el esqueleto del rorcual, une naturaleza, historia y la brisa salina de la Isla Baja en un entorno relajado y poco masificado.

Senderos del Parque Rural de Teno

Senderos del Parque Rural de Teno

Los Silos es una de las puertas de entrada al Parque Rural de Teno, uno de los espacios naturales mejor conservados de Tenerife. Desde el casco arrancan rutas históricas que ascienden por barrancos y antiguos caminos empedrados hacia las medianías y la cumbre. El sendero más representativo es el PR-TF 53 Los Silos – Cuevas Negras – Erjos, que cruza el barranco de Cuevas Negras, con sus casas-cueva tradicionales, y culmina en Erjos, junto a los célebres charcos: antiguas barreras de extracción de barro reconquistadas por la naturaleza, hoy humedales temporales que acogen aves acuáticas y migratorias en torno a los 950 metros de altitud. El recorrido ofrece panorámicas espectaculares de la Isla Baja, laurisilva, brezales y fayales, y permite descubrir el contraste entre el verde de las medianías y el azul del océano.

Folclore y tradiciones

La gran fiesta de Los Silos son las fiestas patronales de Nuestra Señora de la Luz, en torno al 8 de septiembre, cuando la villa rinde homenaje a su patrona con romería, verbenas, actos religiosos y procesiones. El momento más emocionante y singular —único, al menos en Tenerife— es la «Elevación de la Virgen de la Luz», un acto solemne y conmovedor en el que la imagen es alzada ante los fieles. La devoción a la Virgen, que según la tradición fue hallada en la costa por un pescador portugués, enlaza la fe del pueblo con su vínculo ancestral con el mar y con los colonos lusos que poblaron la Isla Baja. Junto al culto a la patrona se conservan otras tradiciones religiosas y populares ligadas a las imágenes del templo, como el Cristo de la Misericordia.

El acontecimiento que ha dado fama internacional a Los Silos es, sin embargo, el Festival Internacional del Cuento, nacido en 1995. Cada diciembre, este pequeño municipio del noroeste se transforma en un escenario vivo de narración oral: cuentacuentos en plazas, iglesias y calles, conciertos, talleres, encuentros literarios universitarios, exposiciones y feria del libro infantil. Considerado la gran cita de la oralidad en Canarias y una de las más reconocidas del mundo hispano, reúne a narradores de toda Hispanoamérica, Europa y España, y ha convertido la palabra contada en seña de identidad del pueblo. El festival proyecta a Los Silos mucho más allá de la Isla Baja y vincula su nombre, paradójicamente, no solo al grano que un día se guardó en sus silos, sino a las historias que hoy se siembran en su público.

La identidad silense se completa con la gastronomía y las costumbres del campo canario. Como villa profundamente agrícola, su cocina se nutre del mar y de la tierra: pescado fresco y marisco del litoral, papas arrugadas con mojo rojo y verde, gofio en sus mil formas, potajes, carne de cabra y cochino, y los plátanos de la Isla Baja, símbolo de su economía. Los guachinches y restaurantes locales ofrecen vinos de la comarca y postres tradicionales como el frangollo o las truchas navideñas. Romerías, ofrendas a la patrona, devoción mariana y la cultura de la palabra del Festival del Cuento conviven en un municipio que ha sabido mantener vivas sus raíces mientras se abre al mundo.

Fotos: Evdpnl (CC BY 4.0) · THORtenerife (Public domain) · Martely (Noemi M.M.) (CC BY-SA 4.0) · THORtenerife (Public domain) · A11w1ss3nd (CC BY-SA 4.0) · Martely (Noemi M.M.) (CC BY-SA 4.0) · Jules Verne Times Two (CC BY-SA 4.0) · Wikimedia Commons