
Los Realejos
El municipio con más fiestas de Canarias, famoso por sus fuegos, y playas como El Socorro para el surf.
Historia
La historia de Los Realejos está indisolublemente unida al desenlace de la Conquista de Tenerife, la última de las islas en incorporarse a la Corona de Castilla. En la primavera de 1496, tras la decisiva Segunda Batalla de Acentejo, el adelantado Alonso Fernández de Lugo avanzó con sus tropas hacia el reino o menceyato de Taoro y estableció su campamento militar en este territorio del norte. Hasta allí acudieron los menceyes guanches para rendirse definitivamente. La tradición histórica sitúa el 25 de julio de 1496, festividad del Apóstol Santiago, como la fecha del acto de sumisión, momento que marcó el final de la resistencia aborigen y la culminación de la conquista de la isla.
El propio nombre del municipio nace de aquel episodio. Como explicó el ilustrado José de Viera y Clavijo, la disposición de ambos campamentos dio origen a la toponimia: el paraje donde se hallaban los conquistadores se llamó Realejo de Arriba (Realejo Alto) y el que ocupaban los guanches, Realejo de Abajo (Realejo Bajo). El término "realejo", diminutivo de "real" (campamento militar), perpetúa así el recuerdo del campamento castellano. Durante más de cuatro siglos y medio, Realejo Alto y Realejo Bajo fueron dos municipios independientes, hasta que en 1955 se fusionaron en una sola entidad: Los Realejos, que ostenta el título de Villa.
En este territorio se levantó uno de los primeros templos cristianos de Tenerife: la Iglesia Matriz del Apóstol Santiago, vinculada al lugar de la rendición y al culto que allí comenzó. Junto a ella, la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, en el Realejo Bajo, constituye el otro gran referente religioso del municipio, levantada a partir de una antigua ermita y elevada a parroquia en 1533. Ambos templos conservan un notable patrimonio artístico y han sido reconocidos como Bien de Interés Cultural.
La economía de Los Realejos se forjó tradicionalmente en torno a la agricultura. Tras la conquista, el cultivo de la viña dio fama a estos pagos, cuyos vinos malvasía se exportaban a Europa; más tarde, ya en época contemporánea, el plátano y otros cultivos se convirtieron en pilares económicos del municipio, aprovechando la fertilidad del Valle de La Orotava, del que Los Realejos forma parte junto a La Orotava y Puerto de la Cruz. La papa, la viña y los frutales han marcado el paisaje agrícola de sus medianías.
El patrimonio natural y costero es otro de los grandes valores del municipio. La Rambla de Castro, Paisaje Protegido, conserva uno de los mejores palmerales de Canarias junto a un conjunto histórico de gran interés: la casona de Castro (siglo XVI), la ermita de San Pedro, el Fortín de San Fernando y los restos del elevador de aguas de la Gordejuela. En la franja litoral destaca la Playa de El Socorro, de arena volcánica y galardonada de forma continuada con la Bandera Azul, muy apreciada por los aficionados al surf.
Los Realejos es conocido, ante todo, como el municipio con más fiestas de toda Canarias y uno de los más festivos de España, reconocimiento que ha llegado a recogerse en el Libro Guinness de los Récords. Su seña de identidad más espectacular son las Fiestas de Mayo y, en particular, los célebres fuegos del Día de la Cruz (3 de mayo), una exhibición pirotécnica de más de dos siglos y medio de historia que convierte el cielo del municipio en un espectáculo único en Europa. Esta tradición está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.
En la actualidad, Los Realejos es uno de los municipios más poblados del norte de Tenerife, con cerca de 38.000 habitantes. Combina su rico legado histórico y festivo con un destacado patrimonio natural, una agricultura que pervive en sus medianías y una creciente vocación turística que reivindica su centro histórico, sus senderos costeros y su inagotable calendario de celebraciones.
Lugares de interés

Iglesia Matriz del Apóstol Santiago
Considerada uno de los primeros templos cristianos de Tenerife, sus orígenes se remontan al campamento castellano donde, según la tradición, se formalizó la rendición de los menceyes guanches en 1496. El adelantado Fernández de Lugo impulsó aquí la primitiva ermita dedicada al Apóstol Santiago, que alcanzó la condición de parroquia hacia 1498. De la fábrica original sobresale su portada renacentista, labrada en piedra por Juan Benítez en 1570, mientras que la torre se levantó en 1774. En su interior alberga un valioso conjunto de retablos y obras de arte. Declarada Monumento Histórico y Bien de Interés Cultural, es el gran símbolo histórico y religioso del municipio.

Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción
Situada en el Realejo Bajo, esta parroquia es el otro gran referente religioso del municipio. Tiene su origen en una antigua ermita dedicada a Santa María, documentada al menos desde 1516, que en 1533 obtuvo la condición de parroquia independiente. El templo actual se construyó entre 1697 y 1701, configurándose como una iglesia canaria de tres naves con capillas laterales, capilla mayor y sacristías. Conserva la tipología propia de la arquitectura religiosa canaria, con techumbres de tradición mudéjar en sus capillas. Un incendio en 1978 destruyó parte de su patrimonio artístico, posteriormente recuperado. Está declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento.

Playa de El Socorro
Una de las mejores playas de arena volcánica del norte de Tenerife y uno de los enclaves litorales más emblemáticos del municipio. Galardonada de forma continuada durante más de quince años con la Bandera Azul de la Fundación Europea de Educación Ambiental, combina calidad ambiental con excelentes servicios: socorristas, zona cardioprotegida, accesibilidad para personas con movilidad reducida, duchas, restaurante y aparcamiento. Sus olas, que rompen lejos de la orilla, la han convertido en un destino muy popular entre los surfistas. A lo largo del año acoge eventos como la Fiesta del Mar, proyecciones de cine al aire libre y la Gran Fiesta de los Vinos de Tenerife.

Rambla de Castro
Paisaje Protegido de unas 46 hectáreas que constituye uno de los enclaves naturales y patrimoniales más valiosos de Los Realejos. Alberga uno de los mejores palmerales de palmera canaria de la isla, salpicado de dragos y con gran riqueza de aves. Un cómodo sendero litoral recorre este oasis verde sobre el mar, en el que se entrelazan naturaleza e historia: la casona de Castro, antigua casa de hacienda del siglo XVI; la ermita de San Pedro, del siglo XVI; el Fortín de San Fernando, pequeña fortaleza defensiva del siglo XVIII levantada para proteger la costa de piratas; y los restos del elevador de aguas de la Gordejuela, de 1903, que albergó la primera máquina de vapor instalada en la isla. Un paseo imprescindible.

Mirador de El Lance
Ubicado en la carretera que asciende del Realejo Alto hacia Icod el Alto, este mirador ofrece una panorámica privilegiada del Valle de La Orotava, abarcando los municipios de Los Realejos, La Orotava y Puerto de la Cruz, con el Teide al fondo. Está presidido por una imponente escultura en bronce del mencey Bentor, hijo y sucesor de Bencomo, último caudillo de Taoro. Según la tradición, tras la derrota guanche en la conquista, Bentor se negó a rendirse y se precipitó al vacío desde el risco de Tigaiga, siguiendo el ritual aborigen. De esa leyenda procede el nombre de "El Lance". El mirador, acondicionado con cafetería y terraza, es uno de los rincones más visitados y simbólicos del municipio.
Mapa de Los Realejos
Qué hacer en Los Realejos
Dónde comer en Los Realejos
Qué ver en Los Realejos
Folclore y tradiciones
Los Realejos ostenta un título que lo distingue en todo el archipiélago: es el municipio con más fiestas de Canarias y uno de los más festivos de España, con cerca de un centenar de celebraciones a lo largo del año, un récord que ha llegado a figurar en el Libro Guinness de los Récords. Su corazón festivo late con fuerza en las Fiestas de Mayo, declaradas de Interés Turístico Nacional, cuyo momento más espectacular son los célebres fuegos del Día de la Cruz, el 3 de mayo. Esta tradición pirotécnica, de más de dos siglos y medio de historia, tiene su epicentro en las calles de El Sol y El Medio y el barrio de La Cruz Santa, donde los vecinos engalanan cruces, fachadas y patios con flores, luces y velas, y rivalizan en sus exhibiciones de pólvora. De aquella vieja competencia entre calles nació la popular "Guerra de los Fuegos", una batalla simbólica de cohetes y bengalas que durante casi tres horas convierte el cielo realejero en un espectáculo único en Europa.
Otro de los grandes hitos del calendario es la Romería de San Isidro Labrador, la más antigua de Tenerife en honor a este santo, celebrada en la Villa desde el siglo XVII. Con la "Romería Chica" del 15 de mayo y la gran romería del último domingo del mes, recorre las calles con carretas engalanadas tiradas por bueyes, agrupaciones folclóricas, parrandas y ofrendas de los productos de la tierra. Es, además, una romería singular en la que participan grupos de las ocho islas Canarias, lo que la convierte en una auténtica muestra de la cultura tradicional del archipiélago.
La gastronomía es protagonista indiscutible de estas celebraciones. En las casetas y romerías no faltan las papas arrugadas con mojo verde y picón, los quesos de cabra locales, el gofio, los vinos de la tierra herederos de la vieja tradición vinícola del valle, y dulces tradicionales como el bienmesabe o los almendrados. Junto a las Fiestas de Mayo, el municipio mantiene vivo un sinfín de celebraciones religiosas y populares en sus numerosos barrios y pagos, que hacen de Los Realejos un lugar donde la fiesta, la fe y la tradición forman parte indisoluble de la vida cotidiana durante todo el año.
Fotos: Diego Delso (Poco a poco) (CC BY-SA 3.0) · Oliver Abels (CC BY-SA 4.0) · Oliver Abels (CC BY-SA 4.0) · Javier1989canario (CC BY-SA 3.0) · Noemi M. M. (User:Martely) (CC BY-SA 4.0) · Javier1989canario (CC BY-SA 3.0) · Wikimedia Commons



