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Experiencias
Güímar
Sur

Güímar

Las misteriosas Pirámides de Güímar y un valle agrícola con microclima propio.

Historia

En la época anterior a la conquista castellana, el Valle de Güímar fue uno de los nueve menceyatos o reinos en que se dividía la isla de Tenerife. Su mencey durante la conquista, en los años finales de la independencia guanche, fue Añaterve, sucesor de Acaymo, que había sido mencey con anterioridad (posiblemente su padre), y su corte se asentaba en la cueva-palacio de Chinguaro. El territorio abarcaba un amplio espacio que se extendía desde la cumbre hasta el mar, incluyendo zonas de los actuales municipios de Güímar, Arafo, Candelaria y El Rosario. Este menceyato ocupa un lugar singular en la memoria insular por su vínculo con la Virgen de Candelaria: según el relato recogido por el cronista fray Alonso de Espinosa, la imagen mariana fue hallada por pastores guanches en la playa de Chimisay, en tierras de Güímar, casi un siglo antes de la conquista, y custodiada primero en Chinguaro y después en la cueva de Achbinico, en la vecina Candelaria, hoy patrona de Canarias.

Güímar fue uno de los menceyatos llamados "de paces", que no opusieron resistencia armada a las tropas castellanas durante la conquista de la isla, culminada en 1496. Tras la incorporación a la Corona de Castilla, el valle conservó durante generaciones una notable presencia de población guanche, que en parte mantuvo su identidad hasta el siglo XVII gracias al relativo aislamiento de las medianías. Sobre el antiguo poblamiento aborigen se fue articulando el nuevo orden colonial, con repartimientos de tierras y aguas y la llegada de colonos.

La economía del valle se asentó desde el siglo XVI en la agricultura, favorecida por un microclima suave y por la riqueza de sus suelos volcánicos. A los primeros cultivos de caña de azúcar y cereal siguió, en los siglos XVII y XVIII, una pujante producción de vino que se convirtió en seña de identidad de la comarca. El Valle de Güímar, abierto al mar y resguardado por la dorsal montañosa, ofrecía condiciones óptimas para una agricultura de medianías que abasteció a buena parte de la isla.

Entre los elementos más singulares y debatidos del paisaje güimarero se encuentran las Pirámides de Güímar, conjunto de estructuras escalonadas de piedra seca situadas en el barrio de Chacona. Sobre su origen conviven distintas hipótesis que conviene no dar por probadas. La interpretación más extendida entre la comunidad arqueológica las relaciona con la actividad agrícola: serían apilamientos ordenados de piedra (majanos) resultado del despedregado de las parcelas de cultivo, una práctica común en Canarias. Frente a ello, el investigador noruego Thor Heyerdahl, que se instaló en Tenerife y promovió en 1998 el Parque Etnográfico, defendió un posible significado astronómico o ritual y señaló semejanzas formales con construcciones de otras culturas. Su labor evitó la desaparición del recinto ante un proyecto urbanístico, aunque sus teorías sobre el origen no cuentan con respaldo consensuado. A día de hoy el debate sobre la datación y la finalidad de estas estructuras permanece abierto.

Otro hito natural del municipio es el Malpaís de Güímar, en la franja costera. Se trata de un paisaje de origen exclusivamente volcánico, declarado paraje natural de interés nacional en 1987 y reclasificado como Reserva Natural Especial en 1994, dominado por el cono de Montaña Grande y por extensos campos de lava jóvenes en términos geológicos, que albergan una de las mejores muestras de cardonal-tabaibal del archipiélago.

El casco histórico de Güímar conserva la trama y la arquitectura tradicional canaria en torno a la Iglesia Matriz de San Pedro Apóstol. El templo tuvo su origen en una ermita levantada a comienzos del siglo XVII y fue ampliado y reformado entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX hasta alcanzar sus tres naves actuales, con torre rematada en el primer tercio del siglo XIX. Güímar obtuvo la condición de municipio en 1812, el título de villa en 1900 y el de ciudad en 1961.

En la actualidad, Güímar es una ciudad de algo más de veinte mil habitantes que combina la actividad agrícola del valle, los servicios, una zona industrial y un patrimonio natural y cultural que atrae a visitantes interesados en el legado guanche, el Parque Etnográfico, el Malpaís y sus tradiciones, manteniendo viva la memoria de uno de los reinos más relevantes del Tenerife prehispánico.

Lugares de interés

Pirámides de Güímar (Parque Etnográfico)

Pirámides de Güímar (Parque Etnográfico)

En el barrio de Chacona se alza este conjunto de seis grandes estructuras escalonadas de piedra basáltica seca, dispuestas en terrazas, que dan nombre al Parque Etnográfico. Su origen es objeto de debate: la hipótesis más aceptada por la arqueología las interpreta como majanos, apilamientos de piedra resultantes del despedregado de las parcelas de cultivo, mientras que el investigador noruego Thor Heyerdahl, impulsor del parque en 1998, defendió un posible valor astronómico o ritual y semejanzas con pirámides de otras culturas; ninguna teoría está probada. El recinto, que evitó la desaparición de las estructuras ante un plan urbanístico, ofrece senderos entre las terrazas, jardines con flora canaria y de otros continentes, un auditorio y salas de exposición sobre navegaciones antiguas. Es uno de los espacios más visitados del municipio y un buen punto para conocer, con espíritu crítico, este enigma del paisaje güimarero.

Malpaís de Güímar

Malpaís de Güímar

En la costa del municipio se extiende esta Reserva Natural Especial, un paisaje de origen exclusivamente volcánico de unos tres kilómetros cuadrados. Declarado paraje natural de interés nacional en 1987 y reclasificado como reserva en 1994, está dominado por el cono de Montaña Grande y por campos de lava jóvenes en términos geológicos. Alberga una de las mejores muestras de cardonal-tabaibal del archipiélago, una formación vegetal de zonas áridas hoy escasa en el sur de la isla, además de tubos volcánicos como la Cueva Honda, que cobijan invertebrados adaptados a la oscuridad. Senderos señalizados permiten recorrer el malpaís entre coladas, conos y vegetación autóctona, con vistas al mar y a la franja costera. Es un espacio de gran valor ecológico que conviene visitar respetando la señalización y la fragilidad del entorno.

Montaña Grande

Montaña Grande es el cono volcánico que preside el Malpaís de Güímar, con unos 276 metros de altitud sobre el nivel del mar. Su cráter, de gran diámetro y varias decenas de metros de profundidad, presenta un perfil asimétrico atribuido al viento dominante durante la erupción. Se trata de un volcán reciente en términos geológicos, integrado en la reserva natural costera del municipio, y constituye uno de sus referentes paisajísticos más reconocibles. Desde sus laderas y desde los senderos del entorno se obtienen amplias panorámicas del litoral, de las coladas de lava y de la vegetación de cardonal-tabaibal que coloniza el malpaís. La ascensión y los recorridos próximos permiten apreciar de cerca la geología volcánica de la zona; conviene realizarlos por los caminos habilitados para proteger un ecosistema sensible.

Iglesia Matriz de San Pedro Apóstol

Iglesia Matriz de San Pedro Apóstol

Templo principal de Güímar y corazón religioso del casco histórico, está dedicado a San Pedro Apóstol, patrón de la ciudad. Tuvo su origen en una ermita levantada a comienzos del siglo XVII, que fue adquiriendo categoría parroquial al concedérsele, hacia 1630, la conservación del Santísimo Sacramento y pila bautismal. Ante su deterioro, las obras de ampliación emprendidas a finales del siglo XVIII y prolongadas hasta comienzos del XIX le dieron sus tres naves actuales y mayor altura, con una portada de cantería de gusto barroco; la torre se construyó en el primer tercio del siglo XIX siguiendo un estilo más clasicista. En su interior conserva retablos, imágenes y piezas de arte sacro de distintas épocas. Es uno de los monumentos más representativos del municipio y escenario central de las fiestas patronales de junio.

Casco histórico de Güímar

Casco histórico de Güímar

El casco histórico de Güímar conserva la trama urbana y la arquitectura tradicional canaria que se fue formando desde la época colonial en torno a la Iglesia Matriz de San Pedro Apóstol. Calles empedradas, plazas, casonas con balcones de madera, patios y fachadas encaladas componen un conjunto de gran sabor isleño, en el que se intercalan edificios civiles y religiosos de los siglos XVII al XIX. Pasear por su entramado permite descubrir ermitas, antiguas casas señoriales, espacios vinculados a la producción agrícola y vinícola del valle y rincones que recuerdan el pasado histórico de la villa, declarada municipio en 1812 y ciudad en 1961. El centro concentra buena parte de la vida social y festiva de Güímar y es el mejor punto de partida para recorrer a pie el patrimonio del municipio.

Mirador de Don Martín

Situado en lo alto de la Ladera de Güímar, junto a la antigua carretera general del sur, este mirador ofrece una de las panorámicas más completas del Valle de Güímar: las terrazas de cultivo, el caserío que desciende hacia el mar, la dorsal montañosa y, al fondo, la silueta del macizo de Anaga. Construido en 1954 por el Cabildo de Tenerife, recibió su nombre en reconocimiento a don Martín Rodríguez y Díaz-Llanos, propietario y político de la comarca que impulsó su creación; el proyecto fue del arquitecto Tomás Machado. En las décadas de los cincuenta y sesenta fue un referente turístico, asociado a un parador cercano, hasta que la apertura de la autopista del sur redujo el paso de visitantes. Hoy sigue siendo una parada obligada para contemplar el valle y un excelente punto de fotografía.

Mapa de Güímar

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Folclore y tradiciones

Las fiestas mayores de Güímar son las patronales de San Pedro Apóstol, que se celebran en torno al 29 de junio con un amplio programa de actos religiosos y populares: misas, procesiones, verbenas, conciertos, exhibiciones deportivas y un destacado torneo de lucha canaria, uno de los más arraigados de la comarca. Las calles del casco se engalanan y la organización recae alternativamente en los dos barrios tradicionales, San Pedro de Arriba y San Pedro de Abajo, que se reparten los años de celebración. Entre las tradiciones más queridas figuran la danza de las cintas, en la que un grupo de niños y niñas con trajes de colores teje y desteje las cintas sujetas a un mástil, y los arcos de frutas, ofrendas que adornan el recorrido festivo y enlazan la celebración con el carácter agrícola del valle.

El municipio mantiene viva además su honda raíz histórica a través del vínculo guanche con la Virgen de Candelaria, cuyo hallazgo, según la tradición, ocurrió en las costas del antiguo menceyato de Güímar antes de la conquista. Ese pasado aborigen, junto con el legado del Parque Etnográfico de las Pirámides, alimenta una identidad local que combina lo prehispánico, lo religioso y lo agrícola. A lo largo del año se celebran también romerías y fiestas de los distintos barrios y pagos del municipio, en las que reaparecen el folclore canario, los trajes tradicionales, el baile y la música de cuerda.

La gastronomía acompaña cada celebración y refleja la despensa del valle. En las fiestas de San Pedro son típicos el pan de leche y las rosquetes, dulces tradicionales que se comparten en familia, sin que falte el vino blanco de la tierra, protagonista de la cocina y de los dichos populares. El Valle de Güímar es zona vitivinícola reconocida, con vinos amparados que prolongan una tradición de siglos, y su mesa se completa con productos de la agricultura local, quesos, papas, mojos y platos de la cocina canaria que dan sabor a las jornadas festivas.

Fotos: Mike Peel (www.mikepeel.net) (CC BY-SA 4.0) · Axel Cotón Gutiérrez (CC BY-SA 4.0) · Tanja Freibott (CC BY-SA 4.0) · rene boulay (CC BY-SA 3.0) · rene boulay (CC BY-SA 3.0) · Wikimedia Commons