Saltar al contenido
Experiencias
Arafo
Sur

Arafo

Pueblo de música y bandas, entre viñedos y el valle de Güímar.

Historia

Antes de la conquista castellana, el territorio que hoy ocupa Arafo se integraba en el menceyato de Güímar, uno de los nueve reinos guanches en que se dividía Tenerife. Los aborígenes aprovechaban las nacientes de agua del barranco de Añavingo y las laderas del valle para el pastoreo y la recolección. Tras la incorporación de la isla a la Corona de Castilla en 1496, el Adelantado Alonso Fernández de Lugo repartió tierras y aguas entre los conquistadores: ya en 1503 y 1504 se otorgaron datas en la zona, y en 1509 Gonzalo de Mejías traspasó agua y tierras al convento agustino del Espíritu Santo de La Laguna, que canalizó las aguas de Añavingo y convirtió a los frailes en los principales propietarios del lugar.

Durante el siglo XVI fueron asentándose nuevos pobladores en torno a núcleos como El Aserradero y Perdomo, y los agustinos introdujeron la devoción por San Agustín. Al no tener parroquia propia, los vecinos acudían a Candelaria a cumplir sus obligaciones religiosas. La prosperidad agrícola permitió levantar una ermita entre 1672 y 1690, dedicada a San Juan Degollado (la Degollación de San Juan Bautista). A comienzos del siglo XVIII el pueblo creció y tomó conciencia de su identidad: en 1738 se iniciaron los trámites para erigir parroquia propia.

Un acontecimiento marcó para siempre el paisaje de Arafo: la erupción del volcán de Las Arenas, entre el 2 de febrero y el 27 de marzo de 1705. Sus malpaíses obligaron a desplazar el caserío hacia el norte, en torno a la nueva iglesia, que se convirtió en el núcleo más poblado. El 17 de octubre de 1795 el obispo Antonio Tavira decretó la creación de la parroquia de San Juan Degollado, independiente de Candelaria. Lograda la segregación parroquial, los vecinos consiguieron elegir cargos públicos propios: el 1 de enero de 1798 Felipe Marrero fue el primer alcalde pedáneo, y con la Constitución de Cádiz de 1812 Arafo quedó constituido como municipio independiente.

El siglo XIX estuvo condicionado por crisis económicas y una estructura agraria gravada con censos; con la Desamortización las tierras pasaron a pocas familias, como los Batista. Tras un máximo de 1.849 habitantes en 1877, la emigración a América y la crisis de la cochinilla redujeron la población, que repuntó a fin de siglo con la exportación de papa y tomate y la mejora de las comunicaciones.

A lo largo del siglo XX, Arafo cuidó con esmero su trazado urbano, lo que le valió varios premios de embellecimiento y, en 1981, el Segundo Premio Nacional de Turismo de Embellecimiento y Mejora de los Pueblos Españoles. Como colofón, el Gobierno de Canarias le concedió el título de Villa en 1983. La vida sociocultural giró en torno a sus centros recreativos, encabezados por el Casino Unión y Progreso, fundado en febrero de 1906. En 1994 se inauguraron obras de gran calado, como el Auditorio Juan Carlos I, el Conservatorio y los locales de ensayo, abiertos solemnemente por los Reyes de España el 24 de junio de 1994.

Pero si por algo es conocido Arafo en toda Canarias es por su fortísima tradición musical, caso casi único de un pueblo con dos bandas centenarias rivales. La historia arranca en 1860 con una banda infantil que, renovada a comienzos del siglo XX, se convirtió en la Sociedad Filarmónica Nivaria; de ella se escindió en 1925 la Agrupación Artístico-Musical La Candelaria, que debutó en Candelaria el 2 de febrero de 1926. Ambas, junto a corales como la María Auxiliadora (1946), mantienen viva una identidad musical que culmina cada agosto en el Certamen de Bandas. A esta seña se suman las alfombras de flores y brezo del Corpus Christi, la agricultura de medianías y los vinos amparados por la Denominación de Origen Valle de Güímar.

Hoy Arafo es un municipio de algo menos de 6.000 habitantes que combina su casco histórico cuidado y florido, una agricultura de calidad, un polígono industrial en la costa y una oferta de naturaleza extraordinaria, con el barranco de Añavingo y los senderos que ascienden hasta la Corona Forestal y la dorsal de la cumbre, en el entorno del Parque Nacional del Teide.

Lugares de interés

Iglesia de San Juan Degollado

Iglesia de San Juan Degollado

Principal templo de Arafo y corazón de su casco histórico. Sus orígenes se remontan a una ermita levantada entre 1672 y 1690, ampliada hasta convertirse en parroquia independiente el 17 de octubre de 1795. Está dedicada a San Juan Degollado, es decir, a la Degollación de San Juan Bautista, advocación con la que se distinguía de la iglesia de San Juan de Güímar. En su interior se venera la talla de María Auxiliadora, imagen coronada canónicamente y nombrada Alcaldesa Honoraria y Perpetua de la Villa, además de retablos dedicados a las Ánimas, San José, la Virgen de los Dolores y la Inmaculada, y tallas de San Juan, San Bernardo y San Agustín. El templo, de planta de tradición canaria, preside una plaza ajardinada que es escenario de las principales fiestas y de las alfombras del Corpus.

Auditorio Juan Carlos I

Inaugurado solemnemente por los Reyes de España el 24 de junio de 1994, el Auditorio Juan Carlos I es el gran espacio escénico de Arafo y símbolo de su vocación musical. Junto a él se sitúan el Conservatorio y los locales de ensayo, que dan soporte a las bandas, corales y escuelas del municipio. A lo largo del año acoge conciertos, certámenes de bandas, encuentros corales, actos escolares y eventos de alcance regional, consolidándose como referente cultural del Valle de Güímar. Su construcción fue una de las grandes obras de equipamiento de la villa en los años noventa y refuerza la fama de Arafo como pueblo de la música, donde la formación musical y la actividad de las agrupaciones encuentran un escenario a su altura.

Molino Harinero y Lavaderos

Conjunto etnográfico que recuerda la vida tradicional de Arafo, ligada al agua y a la agricultura del Valle de Güímar. El molino harinero, movido por la fuerza del agua canalizada desde las nacientes del barranco de Añavingo, servía para moler los cereales del municipio, base de gofios y panes. A pocos pasos se conservan los lavaderos públicos, donde generaciones de vecinas hacían la colada y se tejía buena parte de la vida social del pueblo. Ambos elementos forman parte del patrimonio etnográfico local y permiten entender cómo el agua, recurso escaso y disputado en la isla, vertebró la economía y la convivencia de la villa durante siglos, en un entorno de medianías marcado por el ingenio para aprovechar cada caudal.

Casino Unión y Progreso

Fundado en febrero de 1906, el Casino Unión y Progreso es el más antiguo de los centros recreativos de Arafo y uno de los grandes pilares de su vida sociocultural. Durante más de un siglo ha sido punto de encuentro de los araferos, sede de tertulias, bailes, veladas teatrales y celebraciones, en una villa con una intensa tradición asociativa. Su existencia refleja el dinamismo cultural de un pueblo que, además de la música, cultivó el teatro de aficionados al menos desde finales del siglo XIX. Hoy continúa como espacio cultural activo, integrado en el casco histórico, y forma parte de la identidad de un municipio que ha sabido conservar sus instituciones tradicionales y su animada vida de barrio.

Barranco de Añavingo

Barranco de Añavingo

Es el principal eje hidrográfico de Arafo y uno de sus parajes naturales más valiosos. Sus nacientes, ya citadas en los repartimientos de 1504, han abastecido de agua a esta zona del sureste de Tenerife desde tiempos inmemoriales, mediante galerías y canalizaciones excavadas desde el siglo XVI. El barranco conserva una notable vegetación, con pinar canario, brezos, jaras y restos de monteverde, y una fauna de lagartos, aves, abejas y mariposas. Por su cauce discurre un sendero muy apreciado que, en unos 3 km, conduce a la ermita de San Agustín, vinculada desde 1751 a una rogativa por el agua. La ruta completa supera los 8 km y permite adentrarse en un paisaje agreste y de gran belleza, testimonio de la lucha histórica del pueblo por el agua.

Corona Forestal y senderos hacia la cumbre

Corona Forestal y senderos hacia la cumbre

Por encima del casco de Arafo se extiende el Parque Natural de la Corona Forestal, el espacio protegido más extenso de Canarias, que rodea el Parque Nacional del Teide. Desde el municipio parten carreteras y senderos que ascienden por la dorsal hasta la cumbre, atravesando un magnífico pinar canario que da paso, en cota alta, al malpaís y a las panorámicas del Teide. Es un territorio ideal para el senderismo y el cicloturismo, con itinerarios que enlazan las medianías agrícolas y los antiguos montes comunales repoblados a mediados del siglo XX. El contraste entre la costa, el casco floreado, el barranco de Añavingo y la alta montaña convierte a Arafo en una puerta natural hacia el corazón de Tenerife y el entorno del Teide.

Folclore y tradiciones

La gran seña de identidad de Arafo es su tradición musical, hasta el punto de ser conocido como el pueblo de la música. Es un caso casi único en Canarias por contar con dos bandas centenarias surgidas de una misma raíz. La actual Sociedad Filarmónica Nivaria hunde sus orígenes en una banda infantil de 1860 que, renovada y uniformada a comienzos del siglo XX, tomó ese nombre. En 1925 un grupo de músicos se escindió para formar la Agrupación Artístico-Musical La Candelaria, que debutó en Candelaria el 2 de febrero de 1926. La sana rivalidad entre ambas, popularmente la banda de arriba y la de abajo, ha alimentado durante un siglo la pasión musical del pueblo. A ellas se suma una notable tradición coral, encabezada por la Coral María Auxiliadora (1946). Cada agosto, el Certamen de Bandas de Música y el Encuentro Regional de Coplas, en torno a las fiestas patronales de San Juan Degollado y San Agustín, convierten a Arafo en capital de la música popular canaria.

Otra tradición muy arraigada son las alfombras del Corpus Christi, dentro de la celebración tinerfeña de los tapices florales reconocida por la UNESCO. Con motivo de la procesión del Corpus, en junio, los vecinos cubren las calles del casco con alfombras efímeras elaboradas con pétalos de flores, sal teñida, semillas y, sobre todo, brezo picado y tostado en distintos tonos, formando motivos religiosos y geométricos sobre los que pasa el Santísimo. Es un arte colectivo y delicado que llena el pueblo de color y aromas durante unas horas. Junto al Corpus, el calendario festivo incluye San José, la Cruz de Mayo, la Virgen del Carmen en julio, la Romería de San Agustín y la cabalgata de Reyes, en las que la música de las bandas nunca falta.

La cultura de Arafo es también la del vino y la agricultura de medianías. El municipio forma parte de la Denominación de Origen Valle de Güímar, reconocida en 1996, que ampara vinos de altura cultivados en la vertiente sur entre el nivel del mar y los 2.000 metros. Predominan las variedades blancas, con el listán blanco a la cabeza, junto a malvasía, moscatel, marmajuelo o gual, y tintos como el listán negro y la negramoll. La gastronomía local marida estos vinos con productos de la tierra: papas con mojo, gofio, quesos, carnes, potajes y dulces tradicionales, que pueden encontrarse en el mercadillo del agricultor y en las fiestas. Música, flores, vino y montaña componen así la identidad festiva de esta villa del Valle de Güímar.

Fotos: Noemi M.M. (User:Martely) (CC BY-SA 4.0) · Noemi M. M. (User:Martely) (CC BY-SA 4.0) · Noemi M.M. (User:Martely) (CC BY-SA 4.0) · Noemi M. M. (User:Martely) (CC BY-SA 4.0) · Wikimedia Commons